lunes, 30 de abril de 2007
Fiesta "Nuestro Ayer"
sábado, 28 de abril de 2007
viernes, 27 de abril de 2007
miércoles, 25 de abril de 2007
"La cosecha de las revueltas"
martes, 24 de abril de 2007
Mama Tierra
lunes, 23 de abril de 2007
Lee un libro, disfruta y aprende

RUIZ ZAFÓN, Carlos. La sombra del viento. Barcelona: Círculo de lectores, 2002. pp. 9-10

jueves, 19 de abril de 2007
XI Concurso de Fotografía "Benalup y su medio ambiente"
XI Concurso de Fotografía "Benalup y su Medio Ambiente"
Mercadillo cultural en la Plaza del Pijo

miércoles, 18 de abril de 2007
Un totem de nuestro tiempo, por Eduardo Galeano.
Fragmento del capítulo "Un totem de nuestro tiempo", extraido del libro "Nosotros decimos no", de Eduardo Galeano.
viernes, 13 de abril de 2007
miércoles, 4 de abril de 2007
Homenaje a Mintz. Fotos


El sábado, se celebró por la mañana, el esperado y merecido homenaje a Jerome R. Mintz. Fueron numerosas las personas que quisieron asistir al acto, estando la sala llena hasta la bandera. Sin duda, fue un acto emotivo y ameno, muy bien conducido por Enrique Carabaza (profesor del IES).


Los diferentes discursos de ponentes presentes y no presentes tales como Salustiano Gutierrez (director del IES Casas Viejas), José Gonzalez (profesor del IES), Enrique Torner (traductor de "Los Anarquistas de Casas Viejas"), Francisco González Cabaña (presidente de Diputación y alcalde de la localidad), Fran Sánchez (miembro de la Asociación Ben-Alud), Juan José Téllez (periodista), Jesús Barberá (amigo de Mintz), Jesús Mañez (amigo y artífice del conocimiento de Mintz en el Carnaval) y muchos más, estuvieron a la altura de un homenaje como este. Quizás el momento más emotivo fue cuando la hija de Mintz, Carla, subió al escenario y mostró su agradecimiento por todo lo que habían hecho por su padre, devolviendo así, todo el cariño que éste tuvo hasta sus últimos días al pueblo. Al final del acto, los miembros del Departamento de CC.SS. del IES entregaron una placa conmemorativa a los hijos de Mintz a modo de cierre.


Posteriormente, el público pudo disfrutar de la magnifica exposición de fotos en el IES y de una comida popular que hizo las delicias de los allí presentes.


Sin lugar a dudas, el IES Casas Viejas, se puede mostrar satisfecho por la buena acogida de la exposición así como de los actos en torno al homenaje del antropólogo americano. Y la familia, sin duda, este fin de semana, ha podido observar en la gente, todo el cariño que su padre dejó sembrado en Casas Viejas. Desde la Asociación, queremos darle la enhorabuena por tanto a los organizadores, por su buen hacer, sus interminables horas de trabajo y por lo bien que ha salido todo y a la familia de Mintz, por este merecidísimo homenaje, que fue el primero, pero seguro que no será el último

martes, 3 de abril de 2007
Una historia asombrosa, de Eduardo Jordá
Hijo de un viejo con fama de cornudo y de una mujer muy valiente, tuvo que aprender a vivir rodeado de miradas de desprecio. A veces, a sus espaldas, oía que alguien murmuraba: “Nació en un establo”. Otras veces, las acusaciones se referían a su madre, y eran tan injuriosas que hacían que se pusiera rojo de ira. Muy pronto empezó a desarrollar la extraña idea de que su padre de verdad vivía en otro mundo, un mundo libre de establos y de vecinos chismosos y de mujeres injuriadas. Y muy pronto empezó a pensar que nadie tenía derecho a juzgar a nadie. Sólo su padre, el padre invisible que sólo él había visto, podía hacerlo.
Desde muy niño demostró ser imaginativo, orgulloso y muy inteligente. Pasaba muchas horas entre los serruchos y las virutas de un taller de carpintería. Si le tocaba ayudar a terminar un ataúd para un niño, se preguntaba cómo sería posible combatir la injusticia suprema de la muerte. Y entonces recordaba, o imaginaba, que su Padre, su otro padre, vivía en un mundo en el que no existía la muerte. A los doce años lo encontraron discutiendo con los doctores de la ley. De los doctores no consiguió aprender mucho: sólo que eran autoritarios y que vivían alejados de la vida. A su manera, aquellos viejos del templo no eran muy distintos de los vecinos que habían murmurado a sus espaldas. Oyendo a los doctores, se convenció de que el Dios del templo sólo era un viejo colérico y celoso que exigía castigos por las razones más estúpidas. Él prefería el perdón y la misericordia.
Un día descubrió que conseguía extraer lo mejor de cada persona que se cruzaba con él. Y también descubrió que era capaz de leer en la mente de los demás, así que sabía adivinar los anhelos más ocultos y las heridas más íntimas de la gente, ya fueran arrieros, prostitutas o funcionarios de la remota región del Imperio Romano en la que le había tocado vivir. A partir de ese día, ya no soportó vivir sin anunciar a los demás el universo maravilloso que había descubierto. Y así empezó a predicar que había un lugar en el que no existía la muerte, ni la injuria, ni la desigualdad. Y ese lugar estaba arriba, en el cielo, donde vivía ese ser que podía ser su padre desconocido, pero también el padre de todos los desvalidos y los despreciados que quisieran seguirle.
Nunca sabremos qué hubiera opinado de los que ahora dicen vivir de acuerdo con sus ideas. Ni tampoco sabremos qué hubiera dicho del barroquismo melodramático de las imágenes que ahora representan su muerte. Pero su historia, se mire como se mire, es la historia más asombrosa que podamos imaginar.