Hambre histórica
(por Yolanda Vallejo. La Voz 19/12/07)
Aunque si lo piensa, todo se reduce a un mismo denominador común, algo que nadie ha podido desterrar del panorama navideño por mucho que se hayan empeñado. En el fondo, lo único que tenemos claro es que hay que comer. Comer con los compañeros como si todos nos lleváramos bien y nos consideráramos amigos, comer con la familia como si realmente fuésemos una, comer sin orden ni concierto polvorones y turrones -¿por qué se compran siempre dos tabletas de turrón del duro si nadie lo prueba? ¿quién se come los mantecados de canela del surtido?-, comer sin reparos el contenido dudoso de la cesta de Navidad que le regalaron en su oficina, comerse los canapés lamiosos que sobraron de la noche anterior, comer marisco congelado como si fuera a llegar una guerra nuclear Comer, esto es lo que nos une. Realmente este país no tiene memoria histórica. Lo que tiene es hambre histórica. Y mucha.





