miércoles, 23 de marzo de 2011

PRENSA

Desastre ecológico en la Bahía de Cádiz

Juan José Téllez

Periódico La Voz


Ríase usted del Exon Valdés, del chapapote en Galicia o del Amoco Cádiz. A su lado, fue una jangá de boyscouts la quema de los pozos petrolíferos de Kuwait a manos de Sadam Hussein, que en paz descanse. La ciudad de Cádiz padeció el pasado fin de semana un desastre ecológico de formidables dimensiones, protagonizado por un sinfín de abuelos llevando a sus nietos de la mano con cubitos azul celeste y calzados con cangrejeras o gargajillos a gusto del consumidor.
Pobres erizos, pobres ostiones, pobres carajos de mar. Estaba la playa igual que una feria, válgame San Pedro lo que es una actividad de balde en este Cádiz croquetero que hace meses hizo cola durante varias horas para ver una simple reproducción de la copa del Mundial porque era gratis total. La plusmarca en la bajamar y la pleamar del pasado fin de semana atrajo a excursiones en autobús, a grupos del Imserso y a familias completas dispuestas a esquilmar las reservas de la flora y la fauna de la Caleta, La Victoria o las Tres Marías con la misma solvencia que si las aparentes apacibles familias fuesen un barco factoría japonés hinchándose de triturar atunes o cachalotes a la vera de una almadraba.
De nada sirvió que la delegación de Medio Ambiente recordara que hacía falta el carnet federado de mariscador para dedicarse a ese oficio tradicional de las costas gaditanas. ¿De dónde íbamos a sacar policías suficientes para marcar al viejo de turno con tres niños per cápita arramblando con cualquier bicho de concha que encontrase a su paso? ¿Qué hacer con los padres separados que habían encontrado una alternativa legítima frente al menú infantil del McDonald y la enésima película de Dreamworld? ¿O con la madre que le repetía a su criatura por enésima vez, a ver cuándo has visto tú la marea tan baja, a ver cuándo has visto tú la marea tan alta? Y la criatura, con cara de playstation, respondiéndole aburrida: «Pues, ¿cuándo va a ser, mamá? El mes pasado. Chispa más o menos porque no me traje la cinta métrica del Ikea».
Mientras los gaditanos manteníamos el corazón encogido ante el desastre nuclear de Fukushima, ante nuestras propias narices ocurría el holocausto de los equinodermos, el genocidio de las holoturias, una masiva redada de bichos con concha en cubetas de plasti. Las familias cargadas con espuertas de mejillones hacían palidecer a los arrastreros, a las redes de enmalle, de cerco y de deriva. Ya estoy viendo la próxima campaña de Greenpeace: el Rainbow Warrior dejará de lado los grandes balleneros y se centrará en los utilitarios cargados de domingueros cada fin de semana.
Lo mismo para compensar este claro déficit en los caladeros el SEPRONA llevará a cabo una redada entre los pescadores de la Punta. Nos habremos quedado sin ortigas ni berberechos, pero les juro que vamos a defender hasta la última gota de nuestra sangre a los borriquetes y a las lisas mojoneras. Abuelos del mundo, os avisamos: nos hemos quedado con vuestra cara.

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