lunes, 10 de septiembre de 2007

LA NO VUELTA AL COLE
Carlos Colón
Hoy no vuelven al cole entre 80 y 100 millones de niños, según datos de Educación Sin Fronteras. A ellos se suman los más de 770 millones de adultos que carecen de competencias básicas en lectura, escritura y cálculo. Que la vuelta al cole sea noticia todos los años es una rutina que oculta –salvo que lo denuncien estas organizaciones– otra noticia más importante: la de no vuelta al cole (y ni eso, porque muchos nunca fueron a él) de millones de niños. Esta carencia educativa condena a sus países a un eterno subdesarrollo, porque sin educación no hay futuro para las personas ni para las sociedades de las que forman parte.

En cuanto a nosotros, que tenemos la suerte de que nuestros hijos vuelvan al cole, deberíamos preocuparnos por la calidad de su formación en nuestra sociedad, arrollada por la cultura basura; en nuestras casas, habitadas por la indiferencia; y en nuestros colegios, cada vez más afectados por la cultura basura ambiental, en vez de ser lugares en lo que se eduque en la resistencia crítica a ella, en la libertad de elección y en la independencia de criterio. El problema de nuestros hijos no es tan dramático como el de los 80 o 100 millones de niños que hoy no vuelven al cole, desde luego; pero no deja de ser grave. Si se quiere hasta porque el destino de los primeros, los niños de los países más pobres, depende en parte de la formación en conocimientos y en valores que reciban los nuestros en sus casas y en sus clases.

Sólo en estos dos ámbitos se pueden contrarrestar las inducciones ambientales que están haciendo a nuestros hijos más estúpidos y más superficiales, y por ello más influenciables y débiles ante las inducciones consumistas, que las generaciones precedentes que no gozaron de una tan prolongada escolarización obligatoria y gratuita, de un tan fácil acceso a los bienes culturales y de un bienestar que permite el disfrute de ambas.

Lo de esos millones de niños que carecen de educación primaria es un drama que hace aún más culpable nuestro despilfarro educativo. Se suele denunciar el escándalo que, frente a la carencia de lo más esencial que sufren millones de seres humanos, supone el despilfarro de bienes de consumo que se produce en las sociedades opulentas. Pero no se denuncia el del despilfarro educativo y cultural de sociedades que, como la nuestra, pese a que tienen posibilidades para educar a sus niños y jóvenes como jamás antes se habían tenido, están produciendo cromañones que siguen como imbéciles los dictados del mercado. Sería conveniente poner en primer plano este escándalo, porque de él se derivan los otros.
publicado; Diario de Cádiz (10/Septiembre/2007)

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