martes, 30 de septiembre de 2008

TEMPORAL

La lluvia cuando cae con viento de levante tiene estas cosas. Cae en forma de tormenta casi siempre y ello tiene sus consecuencias. Como se puede ver en el puente del Celemín.

RECUERDO


lunes, 29 de septiembre de 2008

FLAMENCO


BULERÍA por La Paquera de Jerez

Tengo un novio relojero
cada vez que viene a verme
se me rompe el minutero.

Yo lo vi en el altozano,
qué tienen mare los ojos,
los ojitos de este gitano.

Como un limo limonero,
me estoy poniendo amarilla
de tanto que yo te quiero.

Me repican las horas con campanillas
relojero más grande no hay en Sevilla.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

CITA


"De devociones absurdas y santos amargados, líbranos, Señor"
Santa Teresa de Jesús
(1515-1582)

FOTO BENALUP


sábado, 20 de septiembre de 2008

TINTERO DIGITAL

Pensar por pensar
Sito

SI…
se remendara lo viejo
sumamos para restar
lo virtual tuviera pellejo
el caminante pierde su andar

SI…
Soul Remedy tuviese politonos
lluviese en el desierto
Adán y Eva no vinieran del mono
la imaginación regara lo yerto.

SI…
Papa Noel regalara subvenciones
la memoria histórica se hace en despachos
Aladino sin lámpara tuviera lamparones
Coca Cola tuviera la fórmula del gazpacho.

SI…
la Morita pudiera votar
Baco escuchara mis rezos
fuera verdad eso de “a galopar”
Pablo mandara besos.

jueves, 18 de septiembre de 2008

miércoles, 17 de septiembre de 2008

VIÑETA


CANCIÓN

CORRE DIJO LA TORTUGA
Joaquín Sabina
Corre dijo la tortuga, atrévete dijo el cobarde,
estoy de vuelta dijo un tipo que nunca fue a ninguna parte.
Sálvame dijo el verdugo, sé que has sido tú dijo el culpable.
No me grites dijo el sordo, hoy es jueves dijo el martes
y tú no te perfumes con palabras para consolarme
déjame sólo conmigo,
con el íntimo enemigo que malvive de pensión en mi corazón,
el receloso, el fugitivo, el más oscuro de los dos,
el pariente pobre de la duda.
El que nunca se desnuda si no me desnudo yo,
el caprichoso, el orgulloso,
el otro el cómplice traidor.

A ti te estoy hablando, a ti, que nunca sigues mis consejos,
a ti te estoy gritando, a ti, que estás metido en mi pellejo,
a ti que estás llorando ahí, al otro lado del espejo,
a ti que no te debo, más que el empujón de anoche
que me llevó a escribir esta canción.

No mientas dijo el mentiroso, buena suerte dijo el gafe,
ocúpate del alma dijo el gordo vendedor de carne,
pruébame dijo el veneno, ámame como odian los amantes.
Drogas no, dijo el camello, cuanto vales dijo el ganster,
apunto de rendirme estaba a un paso de quemar la naves,
cuando al borde del camino,
por dos veces el destino que hizo un guiño en forma de labios de mujer.

Nos invitas a una copa, yo te secaré el sudor,
yo te abrazaré bajo la ropa.
Quien va a dormir conmigo, ni lo sueñes contestó,
una indignada, y otra encantada no dijo nada y sonrió.

PRENSA

Doctores en sudor y pancartas
Juan José Téllez
(La Voz de Cádiz 17/IX/08)

Antes y después de su enésima salida de Carabanchel por defender desde Comisiones Obreras los derechos de la España currante, Marcelino Camacho no sólo inventó el cuello vuelto de los jerseys que llevaron su nombre en la transición. Y Nicolás Redondo no pasará simplemente a la historia por haber echado un pulso desde la UGT al PSOE cuando la izquierda estuvo a punto de diluirse en la quizá necesaria y ya desde luego inevitable España del consenso de los años 80.

No fueron santos. Ni tampoco diablos. Ambos arrastran una memoria colectiva de puños en alto, pero también de acuerdos históricos. A su sombra, muchos aprendimos que un sindicalista no era un procurador del vertical repartiendo puros ante los electores forzados de la democracia orgánica. A propuesta de la Facultad de Ciencias del Trabajo y partir del lunes, ambos serán doctores honoris causa por la Universidad de Cádiz y a más de un petimetre tendrán que darle las sales por congeniar las togas y birretes con el olor a sudor histórico y con la tela de pancartas con que ambos han ido trenzando su biografía. No es el primer doctorado que reciben: Antonio Gramsci ya dijo hace un mundo que la cárcel era la universidad de los pobres. Y ellos se graduaron ya entre sus cuatro paredes, con otros muchos sindicalistas llegados de la injustamente olvidada CNT o de partidos cuyas siglas se perdieron en las sopas de letras de nuestra incipiente democracia, 30 años atrás.

Más allá de otros aciertos y de sus probables errores, al actual equipo rector de la Universidad de Cádiz, habrá que reconocerle su voluntad de puertas abiertas más allá de la anacrónica jaula dorada en la que siguen viviendo algunos cátedros. La UCA no sólo es joven por historia sino por vocación, como puede demostrar su palmarés de doctores honoríficos, donde caben desde escritores que nunca pisaron las aulas de la enseñanza superior a músicos prodigiosos pero casi sin escuela. O, también, gitanos legendarios que creyeron de firme en que el pupitre era la mejor puerta de salida para huir colectivamente de las chabolas. Quizá aquellos que confunden el sindicalismo con Mario Conde o con el gangsterismo de EE UU lleguen a poner cara de póker ante el doctorado de estos dos símbolos de una Europa que muere: la de la jornada laboral de las 35 horas, la del salario más o menos justo, la de los convenios colectivos, la de la internacional solidaria con los trabajadores vengan de donde vengan, la del estado del bienestar, en definitiva.

Muchos de quienes cuestionen dicho doctorado, que haberlos haylos, quizá olviden su propio pedigrí. Tal vez fueron hijos de albañiles, mecánicos, torneros o dependientes y, en aquellos momentos apasionantes y turbulentos de la historia española, pudieron llegar a universitarios no sólo por el esfuerzo de sus padres y las becas del PIO. Sino por el rastro de sudor y pancartas con que Marcelino Camacho, Nicolás Redondo y muchos otros, anticiparon un cachito de justicia para eso que algunos llamamos todavía clase trabajadora. Nunca más proletaria, eso soñaron. Y quizá, por eso mismo, desunida; a pesar de los esfuerzos de estos vejestorios a quienes tanto debemos todos quienes intentamos seguir ganando el pan de cada día, todavía lejos del paraíso. Y, a menudo, cada vez más cerca del infierno.